| 13 Mayo 2009

La historia de la identidad visual de Patrimonio Histórico tiene sus orígenes en 1997, cuando el artista plástico Rubén Baldemar diseñó un imagotipo para ser aplicado en la papelería de la institución. Se trata de un diseño simple y elegante, consistente en las palabras “Fundación Patrimonio Histórico” ubicadas en una sola línea, con una tipografía romana, y con un círculo -de la misma altura que un carácter- suspendido una línea por sobre el texto. El conjunto adoptaba una tonalidad oscura de bordó, que pasó a ser el color distintivo de la institución.
Lo distinguido del diseño presentaba –sin embargo- algunos problemas de visibilidad e implementación en otros soportes (web, afiches, catálogos, etc.), lo que motivó un rediseño que mantuvo al círculo como elemento distintivo, pero cambiando radicalmente su proporción y ubicando el nombre de la institución en tres líneas. Esto resolvió en parte los problemas de visibilidad, pero a costa de una solución menos elegante y armónica. Al carecer de un layout que especificara tipografía, tamaños y colores exactos, las sucesivas implementaciones fueron desdibujando más aún esa imagen.
La identidad visual de una institución debe reflejar sus valores y aspiraciones. A punto de comenzar una nueva etapa, esta premisa cobra especial importancia, por lo que se decidió desarrollar una identidad visual completamente nueva para Patrimonio Histórico.
El objetivo fue crear una imagen que transmitiera el dinamismo que la institución tendrá en este nuevo ciclo, pero manteniendo un vínculo fuerte con los elementos de identidad que se asocian a la institución.
Siendo el círculo bordó el elemento singular que identificó visualmente a PH durante la última década, se lo tomó como elemento central de la composición. Se decidió que la palabra “Fundación” ya no debía ser un componente del imagotipo, poniendo la fuerza del mensaje en los vocablos que se asocian directamente con el trabajo de la institución: “Patrimonio Histórico”. Se optó por una tipografía sans serif contemporánea, que reflejara fuerza y dinamismo. La alineación sobre la izquierda -contra el círculo- genera una asimetría que provoca tensión visual y sugiere movimiento. Partiendo del mismo concepto y para reforzar la asociación cromática, la tipografía se trató con dos colores distintos, bordó y gris.

