| 05 Abril 2010

La BBC publicó el pasado mes dos artículos que exponen la peculiar situación del material digitalizado en repositorios físicos y publicado en Internet
Si bien existe un consenso generalizado respecto a la conveniencia de digitalizar todo material impreso con valor histórico, aún no existe un criterio unificado sobre su acceso. Si bien -tal como observamos hace algún tiempo - las bibliotecas virtuales van son más cada día, son fruto de iniciativas dispersas y a ellas acceden sólo los usuarios que conocen de antemano su existencia.
Sin embargo, se van perfilando dos tendencias.
Una -surgida entre quienes tienen un conocimiento profundo del material que se digitaliza- involucra a universidades, bibliotecas, historiadores e investigadores. Estas instituciones son conscientes de la importancia de su acervo, pero tienen acotadas posibilidades para generar proyectos de digitalización a la escala necesaria para trascender los límites de la propia comunidad académica.
Por esta razón estas instituciones están aunando esfuerzos para proyectos conjuntos que benefician a sus comunidades académicas pero también a la sociedad toda. En esta categoría se encuadra el proyecto “Connected History”, que involucra a 12 instituciones británicas, entre ellas la Universidad de Sheffield, el Institute of Historical Research y el King's College de Londres.
“Es una suerte de Google sofisticado, que utiliza únicamente recursos que sabemos valiosos y los clasifica con criterios relevantes”, explica el profesor Robert Shoemaker, principal impulsor del proyecto. Mucho del trabajo del proyecto consiste en “etiquetar” (tagging) y catalogar el material existente bajo un sistema de clasificación estandarizado. “Es nuestro objetivo ofrecer un sistema de búsqueda estructurado a partir de nombres, lugares y fechas”, explicó el profesor. “Esa información ya existe en algunas bases de datos, mientras que en otras, debemos crearla nosotros”.
Los directores del proyecto tienen en claro que la prioridad está dada por el acceso. Varias de las instituciones involucradas ya contaban con recursos electrónicos que podían ser consultados por el público. Sin embargo, se encontraban dispersos y algunos de ellos exigían inclusive el uso de una contraseña para acceder.
En el otro extremo del arco de proyectos de acceso a material digitalizado se encuentra el mayor jugador: Google, con su polémico proyecto Google Books. El gigante americano es tremendamente eficaz y la magnitud de su trabajo, impresiona. Es por ello que ha despertado muchas susceptibilidades en distintos ámbitos. Un caso notorio fue el de Francia, que negó el acceso a sus repositorios, al tiempo en que anunciaba una inversión de varios miles de millones de euros para proyectos propios de digitalización.
Distinto es el caso del Estado italiano que -presionado por grandes limitaciones presupuestarias y consciente de la necesidad de proteger su acervo cultural- dió una alegre bienvenida al proyecto de Google. Mario Resca, portavoz del Ministerio de Cultura italiano explicó que el acuerdo posibilitará “salvar el contenido de los libros, para siempre”, a la vez que recordó cómo la inundación de Florencia de 1966 destruyó miles de libros alojados en su principal biblioteca.
Concluido el proyecto, más de un millón de libros antiguos –incluyendo obras de Dante, Maquiavelo y Galileo- estarán disponibles online de manera gratuita.

