| 12 Marzo 2010

El uso de láser en procedimientos de limpieza es una práctica que se ha extendido progresivamente durante los últimos años. No se trata de una práctica nueva: los primeros trabajos sobre objetos patrimoniales se desarrollaron una década antes que se popularizara su uso en aplicaciones médicas como la remoción de tatuajes.
El uso de láser ofrece ventajas significativas respecto a métodos mecánicos o químicos. El Doctor Salvatore Siano, quien dirige un grupo de investigación del Instituto de Física Aplicada de Florencia, explica: “Las sustancias químicas son algo que puede reaccionar todo el tiempo, incluso uno o dos años después de su utilización. Y si se lo compara con los métodos mecánicos, el láser es capaz de distinguir qué se debe remover y qué no de manera mucho más selectiva y precisa.”
Sin embargo, durante años se observaron otros inconvenientes asociados a su utilización, como la decoloración de metales o piedras tratados. En ocasiones, las superficies presentaban una coloración amarilla, como consecuencia de la irradación. El avance de las investigaciones, y la sofisticación de las tecnologías, han posibilitado superar esos inconvenientes: “La dificultad radica en seleccionar el tipo de láser correcto. Y si éste aún no existe, hay que diseñarlo y construirlo”, explica el doctor Siano.
Determinar la frecuencia y duración del pulso láser con precisión absoluta para cada tarea es crucial, pues son los parámetros que determinan la duración del calentamiento localizado. En ocasiones un calentamiento prolongado es perjudicial, mientras que en otros casos, un calentamiento demasiado breve es aún más dañino. En ambos casos estamos hablando de valores tan bajos como décimas de nanosegundos o décimas de microsegundos (un nanosegundo equivale a la milmillonésima parte de un segundo, mientras que un microsegundo es la millonésima parte de un segundo).
Los expertos, después de probar la efectividad del método sobre piedra y diversos metales, ven como su próximo desafío la aplicación de las técnicas a pinturas, primero murales y luego sobre soportes tradicionales.
Queda claro que se trata de una técnica que, utilizada por manos expertas y después de conducir una serie de estudios sobre los materiales a tratar, puede ofrecer resultados difíciles de imaginar unos años atrás.
Imagen: "Laser on...", por Marshall Astor
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