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Cuando los conservadores van a la guerra

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Cuando -a finales de la 2da. Guerra Mundial- las tropas aliadas entraron en Alemania, el destino de más de cinco millones de objetos culturales -incluyendo cientos de obras maestras, monumentos y edificios- estaba poco claro. Mientras los ejércitos norteamericano y británico se adentraban en el continente, una unidad militar de avanzada compuesta por un puñado de hombres con escaso equipamiento operaba junto a ellos: los miembros de la “Comisión de Monumentos, Bellas Artes y Archivos”.

La Harvard Magazine acaba de publicar (en inglés) un extenso artículo que reseña la historia de George Stout , un ex miembro de su institución que tuvo a su cargo el comando de la mencionada unidad, y cuya historia motivó la reciente edición de un libro que cuenta en detalle aquella aventura.

La responsabilidad inicial de la Monuments, Fine Arts, and Archives section (MFAA) fue mitigar el daño en combate, principalmente en estructuras como iglesias, museos y otros monumentos importantes. A medida que las fronteras alemanas se vulneraron, el foco de su labor se centró en localizar obras de arte y otros objetos culturales.


George Stout había comenzado trabajando en 1928 en un cargo no remunerado en el pequeño departamento de conservación del Museo de Arte Fogg, perteneciente a la Universidad de Harvard. Durante los primeros cinco años en la institución, Stout desarrolló -en paralelo a su actividad cotidiana- una experiencia que sería pionera en dotar de carácter científico a la conservación de arte, disciplina hasta ese entonces manejada sólo por hábiles maestros restauradores. El departamento de conservación disponía de una importante cantidad de materias primas para crear pinturas: pigmentos, piedras, plantas disecadas, aceites, resinas, cauchos, adhesivos y bálsamos. Stout tomó muestras de todas ellas, las combinó con distintos químicos y las situó entre las fichas de papel de un viejo fichero abandonado. Tras varios años de observar y registrar los resultados, Stout estableció correspondencia con otros conservadores de su época, compartiendo información y contribuyendo al establecimiento de un conjunto de principios científicos para la evaluación y preservación de pinturas.

En 1943 se alistó en el ejército y un año después fue transferido a la recientemente creada Comisión, constituida por sólo quince hombres, de los cuales siete permanecerían en cuarteles. En los otros ocho recaía la responsabilidad de inspeccionar y preservar todo monumento de importancia entre el Canal de la Mancha y Berlín…

La escasez de recursos debía ser suplida con imaginación. Así, muchas veces, para evitar que los soldados o civiles se acercaran a áreas sensibles llegaron a colocar letreros con la inscripción “Cuidado Minas!” en sus límites.

Durante las campañas, era labor de la comisión consensuar con los mandos militares estrategias de ataque para –cuando fuera posible- evitar el daño a sitios de importancia histórica.

El 6 de Abril de 1945, las tropas tomaron posesión de las minas de sal de Merkers, donde se encontró oculto un inmenso tesoro en lingotes de oro y obras de arte, que incluía pinturas, esculturas y antigüedades.

Al equipo se le asignaron 6 días para trasladar las 40 toneladas del invaluable material fuera del lugar. Sin contar con cajas, sogas ni ningún otro tipo de insumo adecuado para la operación, los hombres de Stout se vieron obligados a improvisar: En un cercano depósito de la Luftwaffe se confiscaron miles de abrigos de piel, del tipo utilizado en el frente soviético: Suficientemente grandes y mullidos como para servir de improvisada envoltura.

Dado que el peso del metal impedía que los camiones que transportarían el oro se cargaran a tope, las piezas de arte debían transportarse junto a los lingotes. Asistido por soldados y prisioneros de guerra, la improvisada operación terminó justo a tiempo para el despacho, en 32 camiones de 10 toneladas de obras invaluables.

Durante el resto de la guerra, Stout y sus hombres continuaron su labor, recorriendo más de 70.000 kilómetros entre locaciones, descubriendo –entre otras cosas- inmensas colecciones de arte francés ocultas en el castillo de Neuschwanstein, y otra descomunal reserva de arte en las minas de Altaussee, en Austria.

Durante las guerras siguientes, no volvió a formarse otra Comisión de Monumentos, Bellas Artes y Archivos.