| 17 Diciembre 2009

El Vasa es un barco de guerra sueco, hundido en 1628 y rescatado en excelentes condiciones en 1961. El barco, actualmente expuesto en un museo que lleva su nombre en Estocolmo, es uno de las atracciones turísticas más populares del país.
El excelente estado de conservación de la nave y sus contenidos ha permitido reconstruir con gran precisión numerosos aspectos de la construcción de barcos, la navegación y la vida cotidiana en la Suecia del siglo XVII.
Sin embargo, la relevancia de los hallazgos no se limita a los aspectos puramente arqueológicos. El estudio de la corrosión generada por el océano durante 333 años sobre los distintos materiales está generando serios cuestionamientos respecto a la durabilidad de algunos materiales empleados en funciones críticas.
La mitad de la energía eléctrica empleada por Suecia proviene de 12 reactores nucleares, que han generado hasta hoy unas 8800 toneladas de residuos radiactivos altamente contaminantes. Estos residuos se depositan en el fondo del océano, dentro de contenedores especialmente diseñados. El elemento central de protección contra la corrosión en estos contenedores es una capa de cobre, en una cantidad considerada suficiente para durar 100.000 años.
Sin embargo, un estudio reciente del Royal Institute of Technology sueco determina que ese tiempo de seguridad puede ser en realidad unas cien veces más corto. La clave del nuevo estudio es el análisis de piezas de cobre sometidas a las condiciones físicas y químicas reales del océano sueco, y no las ideales de un laboratorio. ¿Las piezas en cuestión? Monedas del siglo XVII, rescatadas del Vasa.
Un reporte previo respecto a la corrosión del cobre en las monedas fue refutado por partes interesadas, argumentando que las mediciones no serían válidas, pues las monedas habrían sido fabricadas originalmente con distintos espesores, lo que es rechazado en el nuevo informe: “Las monedas de cobre son extremadamente parejas y finas, pues en el momento en que el barco se hundió se dominaba la técnica de acuñado. Las monedas son de idéntico espesor.”, explicó Peter Szakalos, Investigador de Corrosión del Instituto.
El Vasa, considerado un tesoro nacional sueco, conservado y estudiado durante décadas por equipos altamente calificados, continúa ofreciendo -48 años después de su rescate- información nueva y de gran relevancia para la comunidad científica.
Imágen original “Radioactive”, por Leo Reynolds
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