| 26 Junio 2010

La Ministro de Cultura de España, Ángeles González-Sinde anunció que las Cuevas de Altamira serán reabiertas al público antes de fin de 2010, a pesar de las serias advertencias de parte de la comunidad científica. La decisión llega ocho años después de que se cerraran al público para prevenir su deterioro.
El complejo de cuevas, situado en la región de Cantabria, al norte de España, fue descubierto en 1879 y cerrado al público en 2002, tras detectar que el aumento en la temperatura y humedad generados por los visitantes estaban propiciando la formación de hongos sobre las pinturas.
Pese a que una réplica de las cuevas construida a poca distancia del emplazamiento original como parte de un museo local ha atraído a 2,5 millones de visitantes desde 2001, las autoridades locales han presionado sucesivamente para la apertura de las cuevas originales. En el pico de su popularidad, durante la década de 1970, las cuevas fueron visitadas por más de 3000 personas por día. “Altamira es un activo del que simplemente no podemos prescindir”, declaró el presidente de la región de Cantabria, Miguel Angel Revilla.
Las inscripciones paleolíticas en sus muros datan de entre 14.000 y 20.000 años atrás, y representan el primer conjunto de pinturas descubierto en cavernas. Los primeros signos de deterioro en las pinturas –debidos a los cambios en la frágil atmósfera de las cuevas- fueron detectados en 1977, lo que llevó a su primer cierre. Cinco años después se reabrieron al público, pero con restricciones. Quien quisiera visitar las cuevas en 1985, debía esperar tres años tras anotarse en una lista.
“Las cuevas se han recuperado del daño, pero abrirlas nuevamente no es una buena idea. Los riesgos son imposibles de prever con precisión.”, explica Sergio Sanchez Moral, investigador del CSIC, a cargo de una reciente investigación que concluyó con la firme recomendación de que las cuevas permanezcan cerradas. “La gente tiene el mal hábito de moverse, respirar y transpirar”, concluyó irónicamente el especialista.
El daño por humedad causado por visitantes es un problema que enfrentan numerosos sitios históricos en todo el mundo. Las cuevas de Lascaux, en Francia, que asimismo contiene pinturas rupestres, han debido librar su propia batalla con los hongos, y su acceso ha debido ser clausurado por largos períodos. Tal como se relataba en un artículo previo, un número de tumbas en Egipto, incluyendo la del rey Tut, han enfrentado idénticos desafíos.
La profundidad de las cuevas ha permitido que por milenios permanezcan intactas. Hoy está claro que los visitantes son una peligrosa variable que debe ser cuidadosamente considerada. El debate está abierto.

