Preservación en la era digital
01 Octubre 2009

Nunca antes en la historia de la humanidad se había creado y distribuido tanta información como en la actualidad.
Siglos atrás, los registros se materializaban tallando sobre roca, grabando tablas cerámicas, o imprimiendo sobre papel, lo que les ha posibilitado -en muchos casos- llegar hasta nuestros días. La información digital, en cambio, desaparece sin dejar rastros: los sitios web “caen” sin previo aviso y las bases de datos son sobre-escritas. Inclusive los soportes físicos en los que confiamos -discos ópticos o magnéticos- tienen una vida útil sumamente limitada.
Por otra parte, Una inmensa cantidad de información está siendo descartada porque carece -aparentemente- de valor. Perder los sitios web de empresas que ya no existen, comunicados de prensa de políticos que ya no están en funciones o versiones obsoletas de programas informáticos, difícilmente resulte hoy preocupante.
Sin embargo, la historia nos ha enseñado que somos muy poco hábiles prediciendo que será de interés en el futuro: La Piedra de Rosetta, uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la información, es en realidad el registro escrito de una modificación en las regulaciones impositivas egipcias. Lo que da a la piedra su valor es que ese registro fue realizado en varios idiomas en simultáneo, permitiendo que los arqueólogos contemporáneos tradujeran por primera vez los hasta entonces indescifrables jeroglíficos.
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