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Un punto de vista sobre la Conservación Preventiva del Patrimonio

Bamiyan-Buda-por-Tracy-Hunt

Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en el contexto del II Forum Latinoamericano para la Conservación del Patrimonio Histórico-   Cultural, organizado por Patrimonio Histórico en 2000, y es reproducido con permiso de su autor.


Cuando recibí la invitación de la organización  de este II Simposio sobre conservación preventiva para hacer alguna aportación, la acepté de buen grado porque  me pareció una buena oportunidad para hacer una reflexión sobre el estado de la cuestión. Una rápida reflexión en voz alta, casi un monólogo informal, sobre algunas cuestiones que me preocupan y  que considero  constituyen  los pilares de nuestro quehacer profesional. Durante casi veinte años he trabajado en el departamento de Conservación Preventiva del IPHE1 y ahora, al iniciar otra andadura profesional, he sentido  la necesidad –casi física- de la mirada retrospectiva, del balance. He releído,  he rescatado cosas olvidadas y he pensado sobre los gravísimos acontecimientos  de los últimos años que  tanto han afectado al Patrimonio de la Humanidad.

Como siempre dejo estas cosas para última hora, he tenido la ocasión, antes de redactar estas líneas, de ir leyendo las comunicaciones de otros ponentes y las diversas opiniones de los participantes, acerca de algunos aspectos como la formación o la gestión en este campo, sobre los que seguramente más adelante me permitiré  la licencia de hacer algún comentario.

La conservación preventiva de los Bienes Culturales es una faceta más que ha de tener presente  en su actividad cualquier trabajador que tenga  relación directa con el Patrimonio. Para las protecciones de carácter general basta en principio con  manejar algunos  conocimientos y  criterios elementales, guiándose  por una buena dosis de sentido común y la disposición a trabajar en equipo. Y esto representa – digamos un porcentaje por extrapolar un poquito- cubrir un 80% de las necesidades del Bien Cultural para asegurar un mantenimiento digno.

Sostengo que cualquier centro público dedicado a la custodia de BBCC, independientemente del lugar del mundo en que se ubique y por consiguiente de sus medios, tiene capacidad  para elaborar una estrategia de conservación preventiva adecuada. La clásica discusión sobre  los recursos técnicos, el desinterés de los políticos locales o nacionales, etc,  esconde  casi siempre una actitud indolente e irresponsable. Porque lo esencial no son los medios técnicos o económicos, sino las ideas, la ética profesional y la disciplina de trabajo. Obviamente no estoy hablando del trabajador de a pie de cualquier centro, desde el personal de limpieza a conservadores o investigadores. Me refiero a las personas que dirigen esos centros, que en muchas ocasiones entienden el puesto como un simple escalón en una carrera profesional en la que por supuesto  el trabajo gris y sistemático no es considerado como un mérito. He tenido la oportunidad de visitar  por dentro docenas de museos en muchos lugares (del mundo “desarrollado” y “en vías de desarrollo”, las comillas por lo del eufemismo) y doy fe de ello. Esto sucede esencialmente, como señalé más arriba, en los centros administrados por el Estado. La cultura y el patrimonio son un buen escaparate para las “clases políticas”, razón por la que tienden a ejercer un control y un uso tendencioso hasta los niveles de gestión de centros, sin preocuparse especialmente por su existencia más allá de lo que dura un mandato. Por otro lado los gestores de los centros – dado que el museo en definitiva es el templo de los testimonios de la humanidad, y por tanto lleva implícito una consideración social- suelen dejarse seducir por la posibilidad de alcanzar un reconocimiento de los poderes fácticos, plegándose a sus deseos y olvidando el cumplimiento de sus funciones.

El año pasado Gaël de Guichen2 explicaba con claridad meridiana cómo ha de articularse una política concreta para la conservación de fácil aplicación. El desarrollo tecnológico permite (este encuentro es un ejemplo de ello) disponer de computadoras en casi cualquier lugar y Benoit de Tapol nos explica en su trabajo  como es posible ejercer un control con un mínimo de herramientas. Se dispone de una  amplia bibliografía, de la red y en todos lados hay personal suficientemente cualificado, de modo que los responsables de la gestión de los museos, deben cumplir equilibradamente con las demandas sobradamente descritas en las diferentes definiciones de la institución3 desde la de Paris a la de Stavanger.

Concluyo pues esta parte afirmando, que salvo en circunstancias de desastre, mientras exista el edificio , la colección y lo suficiente para abrir las puertas cada día, es posible mejorar sustantivamente las condiciones de las colecciones de una  parte importante de los 60000 museos que en el Planeta existen, si los profesionales se comportan como deben.

Otra cosa es cómo la sociedad valora su Patrimonio histórico lo que en definitiva es la llave para su supervivencia a largo plazo. Soy de la opinión de que las élites culturales – para afianzarse como tales- necesitan de la ignorancia del común de los mortales.

La educación de los ciudadanos encaminada a la valoración de su Patrimonio Histórico es una de las claves de cualquier política en el terreno de la conservación preventiva. Leo hoy en el diario4 que los vecinos de La Orotava en el casco histórico de Sta Cruz de Tenerife, después de soportar la demolición del teatro Atlante (1930, racionalista, único en su género en la localidad) decidieron impedir la furia especuladora del alcalde y llevan tiempo sentados delante de las excavadoras para defender otros edificios anejos de los siglos XVIII y XIX .Seguramente ganarán la batalla y habrán ejercido una acción de conservación del patrimonio digna de admiración. Son múltiples los ejemplos – y no precisamente recientes- de actuaciones en este sentido. Memorable la evacuación del Museo del Prado durante la guerra civil española….

Hablamos del 80%, pero nos queda el 20%. El sentido común y la voluntad pues son condición necesaria en cualquier circunstancia, aunque por desgracia  no suficiente para garantizar una correcta conservación de los BBCC. Controlar el entorno y/o movimientos de las obras requiere en no pocas ocasiones  conocimientos especiales. Por ello se ha tendido a considerar la conservación preventiva como un área específica de trabajo que presenta múltiples especialidades incluida la investigación, desde la  histórica  hasta el estudio de estabilidad o reversibilidad de los materiales que se emplean  en los procesos de conservación y restauración.

Otra cuestión importante es valorar el alcance de los medios técnicos existentes y el modo en que estos son aplicados. Hoy podríamos lograr la estabilidad indefinida de una buena parte de los Bienes Muebles  gracias a desarrollos tecnológicos, pero seguramente vulnerando el necesario equilibrio entre el uso del Patrimonio y  el deber de legarlo en las mejores condiciones a quienes nos sucedan.

No podemos ni debemos obviar el hecho de que las obras de arte nacen, viven y mueren, y que este proceso será  más o menos largo en función de su naturaleza, su uso, su valoración social  y el devenir de la humanidad. Y al menos los tres últimos elementos  señalados son afortunadamente  impredecibles. Objetos arqueológicos o etnológicos destinados a las más elementales funciones en su día tienen hoy un valor incalculable, del mismo modo que otros muy  apreciados  en su momento, con el paso del tiempo perdieron su " valor" y  finalmente dejaron de existir. Paradójico lo que nos cuenta Cesar Aira5 comparando actitudes vandálicas semejantes en diferentes tiempos y con distintos actores. Recientemente unos grafiteros chilenos se entretuvieron en dejar su huella en unas ruinas incas del Perú y eso llegó a generar un gran escándalo, lo que sin duda es procedente. Rimbaud dejó su “firma” en el santuario de Ammon en Luxor , que posteriormente fue descubierta por Cocteau en 1949 y hoy es venerada  como el “ultimo jeroglífico” del poeta.
A la hora de evaluar el alcance de una intervención para la conservación preventiva  hay que hacer un corte entre el pasado y el presente. No serán los mismos medios que deban aplicarse a testimonios únicos de la historia de la Humanidad (vg. polícromos de Altamira) que a objetos que aún no han pasado el necesario filtro de la historia. No quiere decir eso que no advirtamos a los artistas actuales de los posibles deterioros que una iluminación excesiva, una incorrecta manipulación o montaje  o unas condiciones medioambientales adversas  puedan producir a su obra pero,  en primera y última instancia,  es sólo él quien decide acerca del modo en que  su obra ha de tratarse.

La conservación científica abstraída de la anterior consideración  puede conducir a aberraciones que pervierten la esencia misma de la obra de arte. Acaso hay que decirle al artista actual  con qué materiales y cómo debe crear su obra con objeto de que se asegure la longevidad? . Una respuesta en positivo sería una simpleza bajo todo punto de vista.
En definitiva abogo por un uso racional de las tecnologías, cuya novedad -en relación a la vida de gran parte del patrimonio- y espectacular  desarrollo, permitiría la conservación más allá de lo razonable de cualquier cosa bajo un punto de vista material.


Cada vez cobra más peso en el mundo del Patrimonio la idea de la conservación frente al intervencionismo y eso sin duda es uno de los avances más notables en la orientación profesional de  todos los colectivos que ejercen su labor en este medio. Ya en 1994 el IIC celebró un congreso monográfico alrededor de la conservación preventiva y cada vez son más – valga este simposio de ejemplo- las iniciativas en tal sentido.

Pero quizás sea más importante incidir en los desequilibrios entre las posibilidades tecnológicas, el estado del Patrimonio, los recursos  presupuestarios y el modo en que estos se invierten.

Una buena política de conservación preventiva tendría que pasar inexorablemente, dada la lógica limitación presupuestaria, por una  planificación jerarquizada de intervenciones que no es posible diseñar sin  conocer el estado de conservación de todo el Patrimonio. Ni que decir tiene que esta política  forma parte de la utopía. En mi país ,  mandato de la vigente Ley de Patrimonio  16/85  fue la elaboración de un inventario del que aún habiendo cambiado de  milenio nada sabemos. Si no se ha cumplido es simplemente porque habría que volcar demasiados recursos a la tarea gris de la documentación histórica, arquitectónica, de estado de conservación, etc,etc, en detrimento de las vistosas intervenciones  que  siempre pueden ser inauguradas a lo largo de una legislatura.

En una publicación del Ministerio de Cultura6 se recoge un conjunto de datos tomados hacia 1992  relativos a las condiciones del entorno medioambiental en que las obras son custodiadas muy significativos. Así por ejemplo  un 75%  de las salas de exposición no disponían de sistemas para el control de la temperatura, un 78%  no podían controlar la Humedad Relativa  y un 81%  contaban con sistemas de iluminación que no permitían la regulación de la luz.  Sólo entre un 15% y un 20% de los museos estatales  estaban en condiciones de adecuar las condiciones ambientales a rangos coherentes con la conservación de las obras. Si coincidimos en la apreciación de que el medio  físico estable  con parámetros adecuados  es uno de los principales requisitos para la conservación de las obras, convendremos en que no se ha prestado excesivo interés en la preservación de las  colecciones.

Si existe  tecnología suficiente, si existen medios dentro de un orden, si se han realizado inversiones multimillonarias, cómo dar una explicación satisfactoria a esta situación?

Las razones  son de diversa índole. En primer lugar en nuestro país el conservador de museos responde  a perfiles de formación relacionados fundamentalmente con la investigación histórica, por lo que sus conocimientos en el ámbito científico-técnico de la conservación son muy limitados, hecho que sin lugar a dudas suele reflejarse en los proyectos museológicos y en el control de los museográficos. Por otro lado los arquitectos  son poco proclives a "desaprovechar" los espacios, razón por la que los almacenes o talleres de restauración suelen estar en las peores zonas del museo, en muchos casos  en sótanos o  bajo cubiertas, donde el control ambiental es muy difícil de conseguir. Además suelen aparcar las  instalaciones (acondicionamiento climático, iluminación, etc ) en la fosa común de las tecnologías, por lo que al final , aun consiguiendo  un tratamiento brillante del espacio , el grueso de las obras  se ubica en un medioambiente hostil.

Por último, y como siempre, señalar la incapacidad para la construcción de equipos multidisciplinares capaces de equilibrar los proyectos de modo que sirvan de la forma más armónica  a la función que los hizo posibles.


Afortunadamente  vamos encontrando iniciativas conducentes a una internacionalización de las políticas de conservación. En el año 2000 se  celebró en Vantaa7 una reunión en la que participaron representantes de la mayor parte de los países de la Unión. De forma explícita  se recogía en las conclusiones  que la conservación preventiva  debe ser la piedra angular  de toda política europea de protección del patrimonio, amén de un  conjunto de recomendaciones para que el Consejo de Europa aborde una normativa legal al respecto. Sin duda es este el camino a seguir.  El futuro del Patrimonio dependerá en gran medida de la construcción política de la Unión Europea. La “Vieja Europa”- según  los del triángulo de las Azores- es hoy  la única fuerza emergente sobre el planeta capaz de defender el patrimonio, los viejos y los nuevos valores, frente a la barbarie  abanderada por los extremismos norteamericano e islamista y sus adláteres. En Afganistán los talibanes  inspirados por el mulá Omar se entretuvieron en destruir más de 2000 monumentos y bajorrelieves. Cuenta Pepe Carvalho8 que  “llegando al valle de Bamiyan   lo primero que se veía era el hueco dejado por la voladura de una gigantesca estatua de Buda. Como una cuenca  brutalmente vaciada del ojo de la tierra que avalaba el futuro, la ausencia de la estatua dolía en la mirada…”. No se quedaron a la zaga los tomahawks de Bush que nunca hacían blanco en los pozos petrolíferos de Irak y que sin embargo han conseguido destruir uno de los patrimonios arqueológicos más ricos del mundo entero. Pero incluso después de que el Emperador diera por finalizada la contienda el saqueo y la devastación han continuado. Baste decir que  las ruinas de Babilonia  han servido para albergar una base militar norteamericana y polaca generando daños irreversibles que van desde intentos de  extraer ladrillos conteniendo relieves del dragón de la puerta de Ishtar, hasta utilizar una calzada con 2600 años de antigüedad para tránsito de vehículos militares9 ….

Más o menos decía Simone de Beauvoir  que lo más escandaloso de los escándalos es que llegue un punto en que no nos escandalicen. Tradicionalmente los intelectuales y los profesionales han expresado su protesta frente actuaciones vandálicas de esta naturaleza y han aprovechado cualquier tribuna pública para denunciarlas. En mi país por desgracia no se escuchó una sola voz de protesta de ningún personaje relevante del mundo del Patrimonio  mientras el gobierno de Aznar se mantuvo en pie. Una actitud responsable como profesionales para la preservación el patrimonio histórico no acaba en el buen cumplimiento de los quehaceres cotidianos; la deontología profesional exige una actitud de compromiso que va más allá del cuidado a  los testimonios materiales  que custodiamos. De poco servirán los avances científicos y técnicos en nuestro campo, si nacen  desprovistos de la energía que sólo una posición ética basada en el ejercicio de la razón confiere. Nuestra parcela y el mundo  vienen a ser lo mismo, no se podrá conservar ni defender nada en ningún rincón del mundo, ni siquiera en el mundo rico, sin una posición beligerante frente a la barbarie.

 

1 Instituto del Patrimonio Histórico Español  dependiente del Ministerio de Cultura del Estado Español
2 La conservación preventiva: un cambio profundo de mentalidad. Ponencia al primer simposio
3 Histoire de l’ICOM (1946-1996)
4 El País 1 de abril, contraportada.
5 “Pequeños delitos, grandes obras” Babelia 12/03/05
6 “Museos Españoles. Datos estadísticos" (1995)
7 Vers une stratégie européenne de conservation préventive
8 Milenio. Vazquez Montalbán
9 Informe Curtis , Museo Británico.

 

Miguel Angel Rodriguez Lorite. 
Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid.
Diplomado en Luminotecnia por la ETSII, Universidad Politécnica de Barcelona.
Especialista en Iluminación por la ETSA, Universidad Politécnica de Madrid.
Es Director de la empresa Intervento SL dedicada a Museología e Iluminación.
Docente -en España- en cursos regulares de Maestría y -en varios países- en cursos relacionados con Patrimonio Histórico
Ha dirigido y asesorado obras de iluminación en salas de exposición, museos, edificios y sitios históricos en toda España y en América Latina.
Fue Especialista en Conservación Preventiva en el Departamento de Investigación del IPHE, Ministerio de Cultura de España.

 

Imagen: Bamiyan Buda, tomada por Tracy Hunter. Algunos derechos reservados.