
Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en el contexto del II Forum Latinoamericano para la Conservación del Patrimonio Histórico- Cultural, organizado por Patrimonio Histórico en 2000, y es reproducido con permiso de su autor.
Comentario previo
Comencé este escrito en la firme consigna de “no redactar una lista de materiales sugeridos por la Conservación” como si se tratara de una publicidad televisiva. Pero también era consciente de que si los arrastraba a lo que representa la compleja cuestión de los materiales, iba a aburrir a más de un colega, especialmente sabiendo que en su mayoría no son restauradores.
Pero llegué a la única conclusión existente, que es contarles sobre el verdadero conflicto que existe alrededor de la temática, para lo cual deberán soportar mis propias preguntas y la exposición de ciertas contradicciones que –lo lamento- a lo sumo les creará más dudas.
Pero estoy convencido de que el conocimiento de esas contradicciones los beneficiará, y fundamentalmente porque nos implican a todos nosotros: profesionales unidos por el concepto de una labor social, que deseamos mejorar nuestra actuación y poseer una idea más abarcativa respecto de la temática que hoy nos reúne.
…Porque las dudas nos hacen pensar y evitan el accionar “mecánico”. Disminuyen la posibilidad del error. Nos llevan a consultar.
Si creen ustedes que la búsqueda de “una buena labor” no tiene final y que a todo lo que aprendemos corresponde someterlo a una revisión exhaustiva y continua, soportarán estoicamente el derrotero al que estoy a punto de someterlos...
Algunos antecedentes
Hace rato sabemos que los tratamientos conservativos no son innocuos. Es por ello que solemos recurrir a las “buenas marcas” y emplear los mejores materiales que se encuentran en plaza, para evitar errores que provengan de ese aspecto.
Pero si algo bueno nació de la globalización ha sido la comunicación con nuestros pares de otros países, lo que nos ha posibilitado saber que un buen número de profesionales han tenido problemas con ciertos productos “muy respetados” y que quizá bajo ciertas circunstancias estos materiales pueden tener comportamientos indeseables. Pero esto no está indicado en las etiquetas de los recipientes...
“No todo lo que brilla es oro” decía el refrán y nada más acorde a la realidad de la Conservación, donde lo primero que se le enseña a los iniciados es que se debe ser “muy cautos en la selección de materiales, desconfiados en la confirmación de sus virtudes y prudentes en la aplicación”.
Muchos recordamos el asombro que –hace unos años- nos produjo la noticia de que el famoso Conservador estadounidense Gustav Berger le había quitado la concesión de uno de sus productos1 a la firma Lascaux2 porque no había respetado los cánones y la calidad en el producto de su fabricación. Nos preguntábamos cómo una prestigiosa “marca” internacional podía llegar a incurrir en semejante engaño. Pero la falta de respuesta nos volvió a recordar la vieja regla de la prudencia.
El origen de la prudencia
Hoy día el término Restauración implica una disciplina devenida desde las áreas humanistas y finalmente nutrida por las científicas, que se debate en profundas discusiones sobre los alcances de su accionar.
Lo que alguna vez fue simplemente un “acto de manualidad” relacionado a lo artístico, ahora tiene atribuída una implicancia social pues se lo relaciona con los Bienes Culturales pertenecientes al Patrimonio de la Humanidad (tamaña distinción!...)
Los nuevos conceptos han llevado a ampliar profundamente las definiciones y ahora se habla de la Conservación como disciplina madre, a través de la cual se determinan los ejes de cualquier acción que pudiera involucrar alguno de los Bienes mencionados.
Esas acciones están regidas por “leyes” y exigencias provenientes de acuerdos interdisciplinarios y que han llevado a la UNESCO –hace tiempo- a establecer tres reglas fundamentales como base de una “buena restauración”:
1) ESTABILIDAD: conceptos relacionados a la durabilidad o permanencia del trabajo realizado.
2) LEGIBILIDAD: indica que toda aplicación debe ser discretamente perceptible o comprobable, tanto para mantener un principio de rigor científico e histórico como para evitar deformaciones en los procesos de la recepción estética.
3) REVERSIBILIDAD: refiere que los materiales empleados deben posibilitar su extracción ante la aparición de otras situaciones o cambios en los criterios de la Conservación.
Cambios, discusiones y variables...
Lo que genéricamente fue “una restauración” suele llamarse ahora una “intervención”, para destacar los distintos grados de profundidad factibles. Y para no caer en una suma de definiciones, sólo diré que para llevar a cabo una “intervención eficiente” se requiere conocimientos, experiencia, manualidad y el respaldo de materiales nobles para completar las exigencias.
-Y comencemos la discusión: si bien el mencionado es un “orden lógico” de los factores para una tarea responsable, hay situaciones que determinan la variabilidad de estos mismos, acorde a las circunstancias como las urgencias por desastres o la inexistencia de recursos. Claro está que estos casos -por ser ocasionales o de fuerza mayor- no modifican el “espíritu de las leyes”, las que es necesario mantener y defender de todas las maneras posibles.
-Pero un poco más exigentes en la revisión, buscaremos otros ejemplos:
a) los conocimientos pueden poseer “lagunas” (y este es un tema que posiblemente sea invisible para el propio “portador”).
b) La experiencia tampoco es definitiva, ya que “no existen dos trabajos iguales”, y por eso es que –en todo caso- suele llamárselos “similares”.
c) La manualidad puede estar influída momentáneamente por falta de motivación o alguna distracción de orden anímico.
d) Y finalmente los materiales... ¿Cómo poder confiar en materiales que implican una combinación de elementos en donde no hemos intervenido? Y la única respuesta factible es: “a través de una marca comercial que ha logrado determinado prestigio en el medio”.
Y esto acontece porque la evolución de los materiales con los que se trabaja hoy han separado en gran medida la influencia que el artesano tenía sobre ellos, al elaborar él mismo sus elementos de trabajo: seleccionaba la calidad de la(s) harina(s) para sus engrudos, manejaba la cocción de los mismos, la viscosidad, y otras características que culminan en las maniobras de aplicación, que hacen –conjuntamente- lo que podríamos llamar una labor controlada, eficiente.
La “evolucion” de los materiales
Algunos siglos de historia –tanto en las artes aplicadas como en la experiencia obtenida de la Restauración- fueron dando información valiosísima respecto del comportamiento de los materiales a través del tiempo. Luego también las complejas variables que acontecían acorde a su utilización, ya que determinados usos, combinaciones o modificaciones ambientales hacían un resultado muchas veces distinto a lo previsible. El conocimiento de esas cuestiones era la mejor imagen de lo que se podría llamar experiencia en nuestro medio y representaba el tesoro más grande que un maestro podía transmitir a sus discípulos.
Pero en el último trienio nos ha tocado presenciar una evolución y desarrollo desmesurados respecto de materiales y técnicas, que los científicos han creado o adaptado para la Conservación. Muchos de ellos han simplificado o solucionado complejos problemas con los que nos enfrentábamos en nuestros talleres, pero algunos estrepitosos fracasos fueron llamando a la prudencia y algunas grandes instituciones prefirieron dar “un espacio” a que los productos mostraran su eficacia a lo largo de cierto tiempo.
¿Y cómo saber “cuánto tiempo” requiere un material para comprobar su eficacia? En el medio de la Conservación se hablaba de que se requerían cincuenta años para poder determinar si las virtudes prometidas por el creador seguían vigentes. Esto se postuló porque técnicos y científicos llegaron a la conclusión de que las pruebas de envejecimiento producidas en los laboratorios no siempre asemejaban el paso real del tiempo ni todas las variables a que la materia podía estar expuesta a lo largo de su existencia, posteriormente a su aplicación.
La pretensión -en consenso- siguió siendo que aquéllos materiales siguieran brindando:
- estabilidad
- adaptabilidad a distintos medios
- (algunas otras variables dependiendo de uso y necesidad específica)
- pero fundamentalmente se requería la comprobación de su reversibilidad.
Reversibilidad - ¿Dudoso principio?
Si deseáramos evocar las razones del advenimiento de la ciencia al medio de la Restauración, podríamos resumirlo en dos cuestiones: la necesidad de entender los procesos del deterioro y los “desastres” hechos en nombre de la “restauración de obras de arte”.
Ya en 1849 el Arq. John Ruskin escribe oponiéndose a cualquier tipo de restauración y sugiere la preservación a partir del cuidado de los edificios.
Otro de los precursores fue Cesare Brandi3 , que ya por 1960 observaba temeroso la falta de criterio y el empirismo con que se intervenían los Bienes Muebles.
Gracias a estos profesionales comenzó a hablarse de la condición de reversibilidad de los materiales aplicados que -reiteramos- “deben posibilitar su extracción ante la aparición de otras situaciones o cambios en los criterios de la Conservación”
Es por ello que los sucesivos teóricos de la doctrina contemporánea de la Conservación se preocuparon por precisar el significado de reversibilidad, como Murray Peace4 que en 1964 definió:
- La reversibilidad en los materiales aplicados debe permitir retomar en los objetos la condición existente previa a los tratamientos
- Se debe evitar el uso de materiales que puedan ser tan inabordables5 como para que su retiro futuro ponga en peligro al objeto
- Deben seleccionarse tratamientos cuyos beneficios compensen largamente las pérdidas que se pudieran causar.
Y es esta última frase la que nos debe llamar más la atención, por cuanto el profesional está dando por descontado “inevitables daños” factibles a las intervenciones.
¿Se referiría solamente a las dificultades para revertir algún material? ¿O es que nos están avisando que siempre hay un “precio de deterioro” que pagar por cada intervención, relacionado a los solventes empleados, el calor, las presiones y muchas otras cuestiones involucradas a la aplicación de “materiales del restauro”?
-¿De modo que restaurar “no dá igual”? ¿Qué muchas veces hay distintas explicaciones para un fenómeno? ¿Qué existen diversos puntos de vista? ¿Y soluciones alternativas?...
Pero cuidado! Revisión y discusiones deben quedar bajo el mismo eje positivista: cuando leemos los comentarios con que los distintos autores han catalogado la idea de la reversibilidad (“quimera”6 , “utopía”7 , “cualidad inalcanzable”8 , “mito”9 y “un tipo de sagrado grial”10 ) igualmente hay que tener en cuenta que todos estos pensadores no están diciendo que “no vale la pena pretenderla”, sino lo difícil que es alcanzarla. Y esto representa una gruesa diferencia que es menester recordar, para no confiarnos de nada y de nadie, incluyéndonos a nosotros mismos...
Pero sigamos confundiéndonos, retomando la pregunta que el título plantea; donde la primera respuesta es: -sí, los productos son tan importantes como la Conservación misma, porque son parte de la garantía del trabajo realizado.
Pero una segunda respuesta diría también: -es válido pensar que cuando los recursos económicos son limitados se pueden implementar materiales de menor calidad que aplicados con una técnica cuidadosa de la reversibilidad- permita acciones de primera instancia, frenando los procesos de deterioro y dando el espacio como para luego llevar a cabo una intervención correspondiente.
Y una tercera respuesta cabría en sentido de que: si verdaderamente no existe forma de conseguir los materiales necesarios, quizá el acondicionamiento (modificación del medioambiente!) del material afectado bajo las consignas de la Conservación- sea suficiente para sacar de circulación esos documentos y mantenerlos estables a esperas de que se pueda hacer algo más por ellos.
También existen otras respuestas “universales” respecto de todas las dudas que hemos estado planteando. La sugerencia ha de ser por ejemplo: evitar las pruebas porque lo que normalmente estamos intentando, por lo general ya ha sido inventado. Y evitar las modas: o sea intentar no ser arrasados por esta “cultura internacional” que se ha dado en llamar globalización, que trata de forzarnos al “consumismo” también dentro de nuestro medio.
¿Desean algún ejemplo más? ¿Están alertados sobre la discusión existente sobre las cámaras fotográficas digitales? Es ésta una novedosa herramienta de moda, pero con enorme distorsión en lo que a colores se refiere; con archivos más difíciles de preservar que los “negativos” tradicionales ya que los “chips” y CD’s son atacables por bacterias, e incluso también se “descomponen” y pierden información arbitrariamente. ¿Y sabían que las copias digitales son discutibles en su uso para los informes técnicos porque son fácilmente “trucables” o modificables?
¿Podemos popularizar el cuidado del Patrimonio?
Ahora bien: habiendo creado el sano espacio de las dudas, recién me permitiré hablar de la “popularización” de la Conservación. Y lo diré muy simplemente:
• SI QUE SE PUEDE! A esta altura todavía sigo maravillado de la labor que han llevado a cabo muchísimosos grupos en mi país y en latinoamérica, demostrando que lo que fundamentalmente se requiere es un cambio de mentalidad, para “priorizar las actividades” de otra manera.
• Está demostrado que la Conservación Preventiva se puede iniciar con bajísimos costos, generando acciones a corto, mediano y largo plazos; dando tiempo para la búsqueda de recursos que permitan ampliar el rango de actuación.
• De principio las consignas son muy simples y la estructura se arma fácilmente cuando existen recursos humanos reorganizables.
• Elementales acciones generan resultados notablemente efectivos en la preservación de la “salud” de las colecciones.
• Por lo menos en la Argentina existen iniciados en el tema de la Conservación en muchos sitios, lo que facilitaría la asesoría para fomar un grupo de trabajo en verdaderamente poco tiempo.
El único problema que he de destacar, es que los resultados de un Plan de Conservación iniciado sólo se pueden presumir en relación a otras experiencias y no es algo que se pueda “demostrar” en lo inmediato.
Pero la iniciación en esta disciplina va acostumbrando a todo tipo de personas a pensar que “hay que tratar de no llegar a la restauración”, a frenar los impulsos arbitrarios, a utilizar la consulta y preguntarnos siempre qué es lo mejor para cada caso en particular.
Y habrá que trabajar rápido. Porque contrapuesto al engañoso “discurso político” de la globalización los -ya deteriorados- documentos y objetos de las colecciones, testigos de las culturas en desvalorización, insensiblemente van disminuyendo su importancia en los nuevos códigos que nos tocarán vivir.
Los países latinoamericanos no son los únicos que presentan esta problemática, pero su empobrecimiento y dependencia ha dado lugar a la multiplicación de la situación, seriamente crítica.
Sólo la consciencia, ayudada por disciplinas como la Conservación Preventiva permitirán la salvaguarda de los Bienes más preciados; en la búsqueda de las estrategias más simples, dúctiles -y fundamentalmente económicas- con que se pueda contar, como una de las mejores herramientas de la cultura para su propia preservación.
Y por añadidura convengamos que es hora de que los profesionales de América Latina comiencen a generar un movimiento conjunto, partiendo de la caracterización de nuestra problemática, unificada por similares limitaciones.
Tenemos científicos con conocimiento de nuestra propia fenomenología y muchos de nuestros técnicos han demostrado altísima calificación en el abordaje y la acción sobre cuestiones de la Conservación. Es más, han desarrollado todo un sistema de ingenio y adaptabilidad para compensar las limitaciones de nuestros países, demostrando que la limitación de recursos no tiene que ver con la idoneidad.
Muchos colegas ya se encuentran en esa tarea. Habrá que sumarse. Y aún entonces dentro de ese encuentro para compartir nuestra búsqueda- corresponderá que la duda sea siempre nuestra inicial consejera...
1- “BEVA 371”
2- Empresa suiza fabricante de productos para las artes aplicadas y materiales para la Conservación
3- Historiador del Arte que fundó y luego dirigió el Instituto Central de Restauración en 1939 por 20 años
4- El Murray Pease Report fue publicado por primera vez en Studies in Conservation, boletín del International Institute for Conservation of Historic and Artistic Works (IIC) – Inglaterra. Finalmente sus conceptos fueron recogidos por el Código de Etica del American Institute for Conservation (AIC) – EEUU. (Nota de Viñas, Salvador M. en “Reviews in Conservation”/IIC – Nº 3 – 2002/Inglaterra)
5- Utiliza el término “intractable”, en sentido de que “no se puedan retirar totalmente”
6- Child, R. – “Putting things in context: the ethics of working collections” P. 141 British Museum, London, 1994.
7- Schinzel, H – “Restoration, a kaleidoscope through history” P.43 British Museum, London, 1999.
8- Jiménez, A – “Enmiendas parciales a la teoría del Restauro (II) P. 21 Loggia 2(5), 1998
9- Melucco Vaccaro, A – “The emergence of modern Conservation Theory” p.207 en “HISTORICAL AND PHILOSOPHICAL ISSUES IN THE CONSERVATION OF CULTURAL HERITAGE” GCI, Los Angeles, 1996.
10- Charteris, L – “Reversibility, Myth and mis-use” P. 141 British Museum, London, 1999
Silvio Goren. Conservador privado. Ex-profesor de la asignatura Conservacion Preventiva en la licenciatura del IUNA y difusor de esta disciplina en el amplio medio de los bienes culturales.


