Articulos

Porqué utilizar papel permanente

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El presente texto es la traducción de “FROM RAGS TO RUIN, why we must use permanent paper”, publicado por la National Preservation Office del Reino Unido. Se incluyen también algunos comentarios de Rolf Dahlo, responsable de la redacción y reciente revisión de la norma internacional que define qué papeles son considerados permanentes.
Selección y traducción de Susana Meden


“Todo lo que la humanidad ha hecho, pensado, alcanzado, o sido, todo está mágicamente preservado en las páginas de los libros” Thomas Carlyle escribió estas palabras cuando el papel usado para producir libros estaba hecho de trapos y era de larga duración y alta calidad.

Desde 1850 un gran porcentaje del papel usado en publicaciones ha sido hecho de pulpa de madera molida. Esta contiene lignina, un ingrediente que contribuye a la decoloración y desintegración del papel. Como agregado, mucho de este papel está recubierto con un encolante llamado alumbre-colofonia, el cual se usa para crear una superficie resistente al agua. Esta es efectivamente una sustancia ácida que causa también que el papel se autodestruya.  

Literalmente millones de libros y documentos se están desintegrando en los estantes de las  bibliotecas y archivos. El papel está tan frágil que los ejemplares ya no pueden ser prestados para la consulta.

Es esencial tratar de resolver el problema antes de que comience, usando papel de mejor calidad para prevenir este deterioro y contener -y en definitiva bajar- los siempre crecientes costos de la preservación.

 

¿Qué es el papel permanente?


Es papel que, durante su almacenamiento en el largo plazo en bibliotecas, archivos y otros ambientes adecuados y estables, tiene un alto grado de permanencia. Esto significa que no se decolorará ni se pondrá quebradizo con un uso normal, tal como la consulta y el copiado. Para ser “permanente” o “de archivo”, el papel tiene que ser fabricado con fibra virgen químicamente tratada; la pulpa reciclada no puede ser usada porque contiene una mezcla de fibras ácidas y no adecuadas.

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Fotocopiado de material de Archivo y Biblioteca


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El texto original, “Photocopying of Library and Archive Materials” integra la serie “NPO Preservation Guidance, Preservation Management Series”. Traducción de Susana Meden y Muriel Gallego.


Fotocopiar es uno de los métodos más populares para reproducir libros y documentos, porque es rápido y relativamente barato. Sin embargo, el uso de máquinas fotocopiadoras genera serios problemas de preservación. Usadas apropiadamente, su manejo cuidadoso puede reducir los problemas potenciales; si se usan incorrectamente, el fotocopiado puede causar severos daños a la estructura de un libro o documento.

Este artículo advierte sobre los daños inherentes al fotocopiado; ofrece consejos sobre las “mejores prácticas” y plantea qué elementos del diseño hacen a una máquina fotocopiadora “amiga de los libros”


¿Qué daños causa fotocopiar?

La manipulación inexperta y la luz y el calor generados por las propias máquinas, son las principales causas de daño. Las máquinas comunes, que fuerzan a abrir el libro a 180 grados, son particularmente dañinas.


Manipulación

Manipular los libros con cuidado -y sabiendo cómo hacerlo- es esencial si las colecciones tienen que mantenerse en uso.  

Al fotocopiar usando máquinas comunes, la fuerza de gravedad hace que las hojas del libro caigan hacia la platina cuando se lo está bajando para posicionarlo. En consecuencia, las hojas pueden resultar quebradas, dobladas o rasgadas.  En ese tipo de máquinas, con frecuencia se ejerce presión sobre el libro para obtener una mejor  imagen, especialmente cuando la encuadernación es muy ajustada. Esto tensa la estructura del volumen, haciendo que el lomo se quiebre, realzando cualquier debilidad inherente en su cosmética y poniéndolo en riesgo de daño permanente. Recuerde que el daño puede no ser percibido sino hasta mucho tiempo después.

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Conservación preventiva: ¿simple moda pasajera o cambio trascendental?

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Por Gaël de Guichen.
El siguiente artículo fue publicado en Museum Internacional (París, UNESCO) n° 201 (vol.51, n°1, 1999). Se reproduce aquí con el permiso de su autor.


Pocas veces las colecciones museísticas nos han sido legadas por un milagro de la naturaleza y si hoy podemos admirarlas, estudiarlas y comprender sus mensajes, se lo debemos en la mayoría de los casos a sus sucesivos propietarios, que por estar convencidos de su valor no escatimaron esfuerzos para transmitirlas en el estado más intacto posible a las generaciones posteriores, realizando a veces una labor de conservación y restauración.

Conservación y restauración son dos palabras que designan dos tipos distintos de actividad con finalidades bastante diferentes, y que nunca han sido definidas claramente por el conjunto de la profesión. El resultado de ello es que cada asociación nacional e internacional da su propia interpretación individual de ellas, y por consiguiente sus definiciones varían de un país a otro, e incluso dentro de un mismo país.

Para mayor claridad, desearía proponer las definiciones siguientes:

La conservación es toda actividad humana directa o indirecta encaminada a aumentar la esperanza de vida de las colecciones intactas y de las deterioradas. Ejemplos: quitar la sal a una colección de cerámica; quitar los ácidos a unos documentos gráficos; desinfectar una colección etnográfica; quitar la humedad a colecciones almacenadas de objetos metálicos; reducir la luminosidad en una exposición de tapices.

La restauración es toda actividad humana directa encaminada a lograr que un objeto deteriorado de una colección recobre su estética o su estado histórico (o incluso el primitivo, en algunos casos). Ejemplos: esculpir el dedo que le falta a una estatua; quitar la capa que se ha superpuesto a una pintura; avivar la intensidad de una escritura desvaída; pegar los fragmentos de una cerámica rota.

La conservación y la restauración pueden ser comparadas con la medicina y la cirugía estética respectivamente.

No obstante, para complicar una situación bastante confusa de por sí (he recibido personalmente más de mil definiciones por escrito de numerosos profesionales de más de setenta países), en los últimos veintitantos años ha aumentado insidiosamente el grado de complicación terminológica con la introducción de una sutil distinción entre conservación preventiva y curativa.

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Preservación y acceso al Patrimonio en bibliotecas y archivos

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Texto de Caroline Checkley-Scott (1)* para su Conferencia al personal de la Biblioteca Argentina, en Rosario, el 24 de Abril de 2001.
Traducción y comentarios de Susana Meden.

Existe un eventual conflicto entre la intención de dar acceso a las colecciones y la de preservarlas para su uso futuro, sobre todo si se tiene en cuenta que hay ciertos tipos de acceso que anulan e impiden el uso futuro y que hay métodos de preservación que impiden el acceso inmediato.

En base a la investigación de Helen Lindsay y Nancy Bell (2)* “Calificaciones en el Cuidado de Colecciones en Bibliotecas” (Congreso “Caring for Collections” Inglaterra, Noviembre de 2000), podemos definir las “mejores prácticas” para el cuidado de las colecciones y puntualizar algunos aspectos prácticos del acceso en un marco preservacionista.

 

Qué es la preservación y qué es una política de preservación?

Preservación, en lo que se refiere a material de biblioteca y archivo, puede definirse como “todas las consideraciones gerenciales y financieras sobre almacenamiento, personal, políticas, técnicas y métodos, involucradas en preservar el material de biblioteca y archivo y la información que éste contiene”.

El diccionario de inglés Oxford define sintéticamente “preservación” como “el arte de mantener a salvo” o “mantener vivo” o “mantener y retener”, y define política simplemente como “un plan general o curso de acción”.

Sobre esa base, política de preservación puede describirse sencillamente como “un plan de acción para el mantenimiento a salvo”. Un plan de acción, orientaría cuestiones como: qué necesita ser preservado, por qué, para qué y por cuánto tiempo. Una estrategia, da respuesta a cómo se haría y en qué orden.

Aquí hablaremos de estrategia aplicada al acceso, sin considerar todos los otros factores que influyen en la política de preservación, tales como adquisición, retención, almacenamiento, uso y seguridad.

 

El acceso a las colecciones.

Cuando en una biblioteca o archivo se formula la política de preservación, se debe tener en cuenta el tipo de acceso que se espera brindar, ya que esto aporta algunas variables que definirán las necesidades de preservación de la colección. El acceso puede tomar muchas formas. Hoy el acceso a la información sobre qué tiene una biblioteca o archivo, puede hacerse on-line a través de buenos catálogos y mayores redes de archivos y bibliotecas. Esta facilidad de acceso incrementará el uso de libros y documentos. Por lo tanto, también se incrementará su necesidad de tratamiento de conservación, de mejor protección y de buenos depósitos.

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El Papel: Sus cualidades escenciales

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En el siguiente texto se reproducen y comentan algunos párrafos traducidos del artículo “The unique qualities of paper as an artifact in conservation treatment”, escrito por Keiko Keyes (1*) y publicado en “The Paper Conservator”, vol 3, 1978 (2*).
Traducción y comentarios de Susana Meden


Distintos papeles, expuestos a circunstancias similares, reaccionan de manera diferente. La variedad de sus comportamientos está determinada -en gran medida- por su materia prima y método de fabricación.

Los primeros papeles se hicieron en China, alrededor del año 105, utilizando fibras de celulosa aportadas por cáñamo, restos de trapos y cortezas de arbustos.

La fibra necesaria es siempre celulosa, aunque su fuente ha variado según la época y los países. La celulosa se obtiene de los vegetales. En cada especie, las fibras presentan características particulares que permiten identificar su origen y confieren propiedades específicas a los papeles que producen.

Los mejores papeles -en cuanto a duración y resistencia- se hacen a partir de plantas con fibras largas y puras.

Las fibras del algodón se destacan entre otras porque son largas y -ya en su estado natural, sin demasiado tratamiento previo- son prácticamente sólo celulosa.

Los tallos del lino y del cáñamo son también fuentes de fibras largas, de celulosa muy pura. Algodón, lino y cáñamo fueron utilizados durante siglos para la producción de papeles. Ellos resultaron de excelente calidad y aún hoy se conservan.

La corteza interna de algunos arbustos orientales (por ejemplo kozo, mitsumata y gampi), se usan tradicionalmente en Japón para fabricar papeles delgados, translúcidos y de una resistencia superior a la de los papeles occidentales. Ellos se usan en restauración, en laboratorios de todo el mundo.

Desde mediados del siglo pasado, la mayoría de los papeles se fabrican con madera. Si ésta es desintegrada con métodos químicos, se obtiene celulosa muy pura y con ella papeles comparables a los de trapo. Si, por el contrario, la madera es procesada sin previa eliminación de la lignina que contiene, los papeles resultantes tienen poca expectativa de vida.

Dice Keiko Keyes: "es interesante observar que en Occidente usamos expresiones como: “fino como un papel”, “frágil como un papel” y lo tomamos como símbolo de fragilidad, no de permanencia. En Japón y China, por el contrario, el papel no es considerado frágil: sombrillas, puertas corredizas y ambién kimonos y otros objetos de uso diario, están hechos con papel". Ambas visiones son acertadas. Insistimos, "El papel puede ser muy durable si fué producido con materiales puros y mantenido bajo condiciones favorables. Podemos comprobarlo en los museos,al observar grabados europeos del siglo XV..."

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